La Sociedad Espírita Central de la República Mexicana y La Prensa Espírita

La Sociedad Espírita Central de la República Mexicana fue formalizada en agosto de 1872 y en su acta constitutiva quedaron registradas las firmas del general Refugio I. González (fundador del periódico “La Ilustración Espírita”), Manuel Powers y Santiago Sierra, este último hermano de Justo Sierra, Secretario de Instrucción Pública, diputado, ministro de la Suprema Corte de Justicia e impulsor de la Universidad Nacional, quien de igual manera colaborara en algunas ocasiones en la publicación.

Dicha sociedad representó la seriedad y fuerza con los que el espiritismo kardeciano se instaló en México. Y una prueba de su apego a los principios dictados por los espíritus superiores a Allan Kardec fueron sus objetivos, como lo relata la investigación de Tortolero:

“Luchar para que desaparecieran ciertas prácticas que desacreditan al espiritismo y que sólo tienen origen en la ignorancia supersticiosa o en el egoísmo de los que se sirven de él para negocios lucrativos”.

Asimismo, Antonio Saborit, citado en “El Espiritismo Seduce a Francisco I. Madero”, asegura que para esos años ya se habían constituido de manera formal diversos grupos espíritas, como el “Círculo Allan Kardec de la Ciudad de México”, representado por el escritor Ignacio Castera, así como diez más establecidos en el Distrito Federal y otros en Guadalajara, Jalisco; Guanajuato, San Luis Potosí, Monterrey y Tampico. Resalta adicionalmente otra fuente de información que ya existía la Sociedad Espírita de Baroyeca, Sonora –zona donde se generó el fenómeno de una adolescente con aparentes facultades mediúmnicas llamada Teresa Urrea.

La Sociedad Espírita Central de la República Mexicana publicaba contenidos de gran calidad y apego a la doctrina espírita a través de su órgano oficial de difusión, que era “La Ilustración Espírita”.

El primer número de la “Ilustración Espírita” que se puede encontrar está fechado el 15 de diciembre de 1868 y en él aparece como editor responsable Benigno Sánchez. En su encabezado destaca la máxima espírita esculpida por Kardec: “Fuera de la Caridad no Hay Salvación”.

Destaca igualmente la definición de su objetivo: “Periódico consagrado exclusivamente a la exposición y defensa del espiritismo”.

El mismo salía a la venta quincenalmente y la suscripción semestral, en Guadalajara, tenía un costo de 6 reales y un peso, para todo el país.

Este periódico tuvo dos épocas, de acuerdo con el historiador José Mariano Leyva.

Un año después de su fundación, su impresión debió mudarse a Guanajuato. Para 1872 se comenzó a editar en la Ciudad de México y circuló hasta 1879.

De julio de 1879 a octubre de 1888 se dejó de imprimir por falta de recursos y en gran medida porque los suscriptores no pagaban regularmente sus cuotas.

La segunda etapa de “La Ilustración Espírita” está marcada a partir de noviembre de 1888 y hasta diciembre de 1893. El último año y tres meses estuvo a cargo de Moisés González, hijo de Refugio I. González. Este último desencarnó en 1892.

Entre algunos de los múltiples colaboradores que tuvo “La Ilustración Espírita” destacan las firmas de la médium española Amalia Domingo Soler, el escritor mexicano Manuel Gutiérrez Nájera –quien llegó a usar el seudónimo de Ignotus- y Laureana Wright González, precursora de la igualdad entre mujeres y hombres.

Volviendo a la Sociedad Espírita Central de la República Mexicana, todos sus agremiado estaban obligados a enviarle las comunicaciones mediúmnicas a fin de que fueran validadas (tal y como se recomienda en la codificación) y para lo cual estableció el Círculo Espírita Central, instancia que difundía sus conclusiones en el periódico “La Luz en México”, que comenzó a publicarse a partir de 1872.

Tortolero nos ilustra citando las reglas dictadas por este círculo:

“Todo aquel que se aparte de la común intención que hoy nos reúne, ya sea por pertenecer a otra escuela diferente de la del ilustre Allan Kardec, o bien por oponerse a ella con abierta hostilidad, ya sea de palabra o por escrito […] será primero invitado por el consejo a una o más conferencias privadas y si en éstas resultare probada su mala causa […] el consejo propondrá a la Sociedad su separación, expresando la causa”.

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